ES HAMBRE EMOCIONAL O REAL?


Comer sin ganas, por aburrimiento, ansiedad, estrés, insatisfacción o miedo. Comer por comer y sentirse culpable después. Identifique cuando es hambre real o hambre emocional y que puede hacer para combartilo.


 

Las emociones están directamente relacionadas con nuestra alimentación. Que levante la mano quien no se ha refugiado en la comida (normalmente comida insana) después de recibir una mala noticia o llegar estresado del trabajo. Pero, ¿por qué ocurre esto? La respuesta está en el “hambre emocional”…

¿Qué es el hambre emocional y cómo diferenciarla del hambre real?

A veces sentimos hambre pero no llevamos demasiado tiempo sin comer, sabemos que no es hambre real lo que nuestro cuerpo debe estar sintiendo…

 

Es lo que se denomina hambre emocional: este hambre no entiende de horarios, aparece de golpe y hace que comamos mucho y muy rápido, sobre todo alimentos ricos en grasas, azúcares y sal. Después, lo habitual es sentirse culpable. Aunque el cuerpo sea inteligente e intente engañarnos muy bien, es fácil saber si lo que sentimos es hambre de verdad o es el estrés que pide a gritos un atracón.

 

El hambre real aparece progresivamente, responde a unos horarios y nos invita a comer más despacio.

 

La grelina y la leptina: ¿qué hacen en nuestro cuerpo?

En el proceso de apetito y saciedad intervienen dos hormonas fundamentales: la grelina y la leptina. La primera genera sensación de hambre, avisándonos de la necesidad de volver a ingerir los nutrientes que nuestro cuerpo necesita. La segunda hace justo lo contrario: avisa a nuestro cerebro de que estamos totalmente saciados. ¿Y tenemos todos la misma cantidad de ambas? La respuesta es no, aunque deberíamos.

 

En personas con obesidad se han encontrado altos niveles de grelina y bajos de leptina. Seguir una buena alimentación nos ayudará a mantener bien equilibrados los niveles de estas hormonas.

¿Qué factores pueden desencadenar el hambre emocional?

Como lo dice su nombre el hambre emocional está relacionado a nuestras emociones. Un día malo con la pareja, peleas con los hijos, preocupaciones, estrés, ansiedad, y en nosotras las mujeres aquellos días previos al periodo menstrual en el cual las hormonas se encuentran en revolución son algunos ejemplos de los principales factores desencadenantes. Sin olvidar por supuesto otro factor muy importante que es el embarazo.

 

El comer de manera emocional también se puede dar en momentos de alegría y felicidad, un ejemplo claro sería el festejo de un cumpleaños, una comida familiar, una boda, cenas de fin de año, entre otras. Aprendamos a tomar conciencia de la situación para así poder enfrentar estos momentos sin estar sujetos a lo que demanden nuestras emociones tanto las negativas como las positivas.

 

Ahora que conocemos los factores que pueden desencadenar una crisis de hambre emocional estamos en condiciones de tomar otras opciones para no perjudicar nuestra figura sin una necesidad real de comer.

 

¿Cuáles serían las opciones para evitar comer de manera emocional?

Son variadas las opciones que podemos tomar en este tipo de situaciones. En caso de sentir la necesidad imperiosa de comer debemos optar por lo más sano, en vez de comernos una bolsa entera de papas fritas, una barra de chocolates, hamburguesas (alimentos preferidos de las emociones) debemos elegir una fruta, un jugo, hasta un vaso de agua ayudaría, bebiendo de forma pausada y tranquila nos podemos llevar la sorpresa de haber superado la crisis y que el supuesto hambre haya desaparecido.

 

Otra opción sería salir a tomar aire fresco o realizar una caminata para despejar la mente y calmar la ansiedad que sentimos con la naturaleza. También si son de nuestro agrado podemos tomar contacto con animales que ayudan a reducir los niveles de ansiedad y estrés.

 

Llamar a un amigo o amiga si estamos en situaciones difíciles que con tal solo hablar de nuestro problema nos sentimos aliviados o aliviadas, evitando un atracón de comida rápida innecesario. Leer un libro que nos agrade, escuchar música, meditar.

 

Podemos tomar unos minutos para respirar tranquila y lentamente. Está en nosotros saber elegir la opción que nos puede ayudar a superar la crisis, al final nos sentiremos más fuertes para la siguiente recaída porque ya la sabremos reconocer y contamos con las armas para superarla, manteniendo nuestra salud y peso intactos.

 

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