MITOS DE LA ALIMENTACIÓN


Hay más mitos que verdades en la alimentación, por eso acá te decimos cuales se vuelven reales y cuáles no.


La alimentación es un tema que ha suscitado un gran interés a lo largo de la historia. Este interés, unido a una cierta ignorancia, ha favorecido el desarrollo de numerosos errores y mitos sobre la alimentación, que han provocado injustificadamente un cambio en el comportamiento y en los hábitos alimentarios de muchas personas.

 

Así, han sido numerosos los alimentos a los que se les han atribuido características y propiedades falsas debido al mito. Tal vez hayás escuchado esto: 

 «Las frutas al final de la comida engordan»

 «Tomando una nuez por la mañana disminuyo los niveles de mi colesterol»

«Me engordan los nervios»

 

Son algunas de las creencias que se mantienen a consecuencia de numerosas fuentes que carecen del más mínimo aval científico.

Ya que la alimentación constituye un hecho tanto biológico como cultural, las creencias y opiniones se han extendido en nuestra sociedad, bien, transmitiéndose por el boca a boca a través de generaciones, o bien, por el tipo de publicidad a la que estamos sometidos.

 

A continuación te decimos cuales son mitos o cuales son realidades.

 

El mito de dos huevos a la semana

Los niveles elevados de colesterol en sangre no son consecuencia del consumo de un alimento concreto, como el huevo, sino de la dieta global, además de otros factores genéticos.

 

El contenido en colesterol del huevo, que está en la yema y no en la clara, ha llevado en los últimos años a la reducción de su consumo por la creencia de que no es bueno comer más de dos huevos a la semana.

 

Sin embargo, el huevo es un alimento muy nutritivo, con proteínas de alta calidad que el cuerpo asimila bien; el tipo de grasas que aporta y su contenido en vitaminas, minerales y sustancias bioactivas es muy interesante.

 

Como respuesta a este mito, que es falso, hay que decir que se pueden tomar hasta tres/cuatro raciones a la semana, teniendo en cuenta que una ración son uno o dos huevos.

 

 

El mito de que comer sin gluten adelgaza

La obesidad y el sobrepeso son consecuencia de la descompensación entre lo que se ingiere y lo que se gasta, y a ello contribuyen dietas ricas en grasas, azúcares, sal, y también aquí factores genéticos.

 

El gluten es una proteína presente en cereales como trigo, cebada, avena o centeno, que causa problemas digestivos a quienes tienen intolerancia o alergia a estos componentes.

 

En la actualidad hay una moda que invita a consumir productos sin gluten con la idea de que son más ligeros y saludables, y además adelgazan, pero no es así. Estos alimentos solo ofrecen ventajas nutricionales a los celíacos.

El mito de no tomar alimentos ricos en hidratos por la noche

No existe ninguna evidencia científica de ello. Los carbohidratos son nutrientes básicos en la alimentación; aportan más del 50 por ciento de la energía de cada día.

 

Es importante seleccionar alimentos que aporten fibra, como cereales integrales, pasta, pan, legumbres, frutos secos, frutas y verduras y reducir alimentos refinados. La cena debe ser ligera e incluir productos de fácil digestión, como pescados, huevos, carnes magras, verduras, papas y mejor con un cocinado sencillo. En este contexto, la pasta o el arroz pueden formar parte de la cena perfectamente.

 

El pan tostado es mejor que el fresco

Todo lo contrario, el tostado tiene más calorías. La deshidratación del pan, al ser tostado, tiene menos cantidad de agua, y hace que se concentren los nutrientes, de forma que 100 gramos de tostado llegan a las 400 calorías, y 100 gramos de fresco, se quedan en 270 grs.

La fruta se debe tomar fuera de las comidas

Esta regla está presente en muchas dietas milagro y de adelgazamiento, pero no tiene base científica. La fruta tiene las mismas calorías independientemente del momento y circunstancias en que se consuma, y sus nutrientes se aprovechan igual si se ingieren como parte de la comida.

Es verdad que la fruta es ideal para tomar como merienda y evitar así picotear otros alimentos de mayor contenido en grasa, azúcar o sal, y por ello es correcto tomarla también fuera de las comidas, pero el mito es falso.

 

No se puede comer con agua

La regla general es tomar agua entre las comidas, pero también durante las comidas. En el caso de los niños o las personas con falta de apetito, puede no ser conveniente tomarla en las comidas porque aumenta el volumen del estómago y genera sensación de saciedad, y entonces se reduce la ingesta de alimentos, pero se puede comer con agua perfectamente.

 

El pan, la pasta, el arroz y las patatas engordan

Rotundamente no. Clasificar los alimentos en función de si engordan o no, es un gran error y no contribuye a la educación de la sociedad en nutrición. El pan, dentro de una alimentación equilibrada, aporta minerales, vitaminas y fibra, sobre todo si es integral. Pasta y arroz ofrecen energía y son saludables y nutritivos, no hay que excluirles porque engorden.

 

Sí influye la forma de cocinar los productos; por ejemplo, no es igual unas papas hervidas, al vapor o cocidas, que fritas. Una ración de pasta salteada con verduras frescas y queso rallado supone 570 calorías, pero con nata y más queso alcanza los 800. Cien gramos de papas hervidas son 100 calorías, pero cien gramos de papas fritas, son 300, y con chips, hasta 550.

 

La recomendación general es tomar 4/6 raciones día de hidratos de carbono, según el grado de actividad física. No hay que temer su consumo, pero sí controlar la forma de prepararlo, con qué se acompaña, número y tamaño de las raciones.

La carne roja alimenta más que el pescado

Aunque ambos alimentos aportan una similar cantidad y calidad de proteínas, la diferencia radica en el tipo de grasa. La de la carne es más saturada que la del pescado, y su consumo excesivo aumenta el riesgo cardiovascular, mientras que la del pescado protege frente al riesgo. Tampoco es verdad.

 

Es necesario tomar suplementos vitamínicos.

Es totalmente falso. Normalmente es suficiente la cantidad de vitaminas y minerales que se aportan a través de una dieta variada y equilibrada. No hay evidencias científicas de que el aporte de vitaminas en personas sanas mejore el cansancio o el apetito. Si no existe una deficiencia clara, un suplemento de vitaminas sin necesidad no tiene efectos positivos. Su consumo, debe ser bajo prescripción médica.

 

Sin embargo en la actualidad, y gracias a la base científica de la que disponemos, es posible desmontar esas creencias, a veces muy arraigadas, recurriendo a las opiniones y consejos de verdaderos profesionales de la nutrición y la salud.

 

Fuente 1 imágenes de Genial Gurú

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